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CÉSAR VALLEJO UN PELIGRO EN PLENO SIGLO XXI

agosto 23, 2010

Mientras que en Madrid, el próximo 1º de septiembre se premia con tres mil euros al ganador del trabajo: “Investigación sobre la estadía de César Vallejo en la capital española en 1931”, –evento internacional organizado por “LETRA 2010”, en el que participarán dos de nuestros más altos representantes de la cultura nacional, Mario Vargas Llosa y Fernando de Szyszlo–; acá en nuestro país, una universidad privada que lleva el nombre del más notable de nuestros poetas, se da el lujo de expulsar a sus profesores que dictaban cátedra sobre la vida y obra de este gran autor, acusándolos, nada menos, de “apologistas del terrorismo”.

Y justamente, volviendo a la parte introductoria, es de esperarse que el autor español, ganador de la investigación sobre la estadía vallejiana en la tierra de Cervantes, enaltezca debidamente la prolífica labor del peruano, por haber escrito en aquel año –tras ser desterrado de Francia por sus ideas políticas–, una de sus obras que se constituyó todo un best seller de la época: Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin. Esta obra representa –según Ediciones Ulises– “la versión más completa, más rica en facetas, más profundas, imparcial y actualísima de cuantas se han dado sobre el Soviet”. En ella encontramos citas que levantan los pelos burgueses, y en este caso en particular, de Juan Manuel Pacheco, que así se llama el representante de dicha universidad: “Pienso en los desocupados. Pienso en los cuarenta millones de hambrientos que el capitalismo ha arrojado de sus fábricas y de sus campos. ¡Quince millones de obreros parados y sus familias! ¿Qué va a ser de este ejército de pobres, sin precedente en la historia?”… Vallejo plantea, de manera definitiva, que la transformación del mundo vendrá “tarde o temprano, por acción violenta de esos cuarenta millones de hambrientos y victimas de los patronos…”. (Vallejo, 1965, pp. 184-185).

Según Pacheco, algunas citas como éstas no deben llegar a oídos de los estudiantes universitarios. Cree y teme que exacerbe la violencia en los jóvenes. Este nuevo mensajero apolítico se atreve a desconocer la condición marxista del autor de Trilce, y considera que debe desaparecer, inevitablemente, como punto temático en la cátedra vallejiana. Para este señor, los jóvenes universitarios deben conocer al Vallejo mutilado, al Vallejo romántico, nada más. Y aquel maestro de cátedra que ose hablar sobre el marxismo de Vallejo, es llevado inmediatamente al banquillo de los acusados, como apologista del terrorismo. ¡Qué injusticia! ¡Qué tal infamia en contra de César Vallejo! ¿Merece esta universidad, seguir con el rótulo de tan ilustre escritor, que lleva muy en alto el nombre de nuestro Perú? ¿Alguna vez el propietario de esta casa de estudios pagó algún derecho, a alguien, por utilizar el nombre de tan prestigioso hombre de letras? ¿Conoce la ciudadanía, entre ellos sus alumnos, que le pasó al dueño de esta universidad por utilizar, sin autorización, el dibujo vallejiano de Picasso como logo de su institución universitaria?

Continúan mis interrogantes: ¿No sabían, acaso, las autoridades de esta universidad, que hacer cátedra Vallejo comprende estudiar y analizar en el campo de la dialéctica, la vida y obra de César Vallejo? ¿Seríamos consecuentes con el poeta, si enseñamos solo el aspecto poético, tentando apenas líneas declamatorias? ¿Es que los jóvenes actuales, no pueden conocer la cruda realidad en que vivimos, a la luz de las teorías vallejianas? No, señores funcionarios. No olviden que Vallejo fue consecuente con sus ideales y su ejemplar integridad, solo puede medirse a la luz de los hechos concretos en su difícil existencia. ¿No es, acaso, esta muestra de dignidad humana, el más claro paradigma para los jóvenes de hoy y del mañana? Sé que lo saben, pero es necesario nuevamente recordarles. Verbigracia: Vallejo en las postrimería de su existencia, el gobierno de O.R. Benavides decidió “prestarle” su apoyo para que regrese al Perú, pero condicionándolo a que dejara de lado su posición política. Antes, en Europa, inició su carrera marxista. Lo desterraron de Francia y partió a España con Georgette. ¿Alguna vez Vallejo demostró cierta vacilación o debilidad con sus principios ideológicos y políticos? ¡Jamás! Nada, ni nadie pudo cambiar sus posturas consecuentes. Su afinidad política, su adherencia en pro del pueblo, fue con JCM, y de ello resalta como prueba contundente la conformación de la célula parisina del partido socialista del Perú, en 1928.

Es hora de levantar mi voz de protesta, y exigir, desde esta tribuna, que el señor Pacheco demuestre que los profesores –a quien ha expulsado abusivamente– son apologistas del terrorismo. Y como no va a poder demostrarlo, se retracte y haga que dichos maestros vuelvan a las aulas. Solo así se podrá resarcir la figura agigantada del escritor santiaguino.

Finalmente, dos cosas: primero, no olvidemos, jamás, que Vallejo no es solo un revolucionario de la palabra, del lenguaje poético; sino, un revolucionario en la vida y en su injusto y explotador sistema, a decir de Fernando Oña Pardo. Y segundo, repetir lo que dijo Georgette, su tenaz esposa: “Vallejo fue un hombre profundo, también un marxista encendido, combativo, intranquilo. Se puede discrepar con sus ideas, pero no cambiarlas. No se puede fabricar otro Vallejo”.

Lima, invierno del 2010.

Miguel Pachas Almeyda.