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CÉSAR VALLEJO YNFANTES: UNA MISIÓN, UNA VIDA.

junio 30, 2012

CÉSAR VALLEJO YNFANTES: UNA MISIÓN, UNA VIDA.
“La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida si que nos los roba muchas veces y definitivamente”, nos dice una hermosa frase del escritor francés, Froncois Mauriac.
César Vallejo Ynfantes queda inmortalizado en nuestro recuerdo, como un hombre – paradigma de lucha y de esfuerzo constante durante toda su vida, por difundir y defender la memoria de nuestro gran autor de Trilce. Fue un hombre que dedicó su vida a la política y a la literatura; pero sobre todo, se propuso cumplir una misión que le atañía como una responsabilidad familiar, ineludible: llevar el mensaje de aquel hombre que levantó su voz cargado de originalidad, de una identidad por la tierra que lo vio nacer, indestructibles; y de una defensa cerrada por los que menos tienen.
“Llevo en alto la bandera de nuestro poeta universal, sin buscar el lucro; enaltecer su figura y mantener la vigencia de su voz, es esencialmente, un mensaje para las nuevas generaciones”, me dijo alguna vez cuando preparaba mi libro sobre Georgette de Vallejo, a quien también conoció y apoyó decididamente.
He sido testigo de excepción del tránsito existencial de César Vallejo Ynfantes en los senderos vallejianos. Cuando hablábamos de Vallejo, el sufrimiento se apoderaba de su ser al recordar los momentos difíciles del poeta en Europa y su alma sensible se quebraba hasta las lágrimas. Asumió hidalgamente el peso de la familia Vallejo, que no supo apoyar oportunamente al poeta cuando más lo necesitaba. “Y esto me causa mucho dolor, me decía don Cesítar (así lo llamaba, cariñosamente) tanto así que, cuando recuerdo los momentos tristes de su vida o cuando leo sus poemas, no puedo evitar llorar amargamente”.
Como todos los grandes hombres, su lucha no encontró el eco suficiente, ni en las altas esferas de los gobiernos de turno o de alguna organización vallejiana. Sus grandes propósitos por iniciar una campaña nacional e internacional para difundir la vida y obra de César Vallejo, similar al que Chile realiza con Pablo Neruda, determinó que organizara la “Fundación César Vallejo”, que, según sus palabras, debía convertirse en un “adalid de nuestra cultura que languidece; un motor y pionero del movimiento intelectual para la reivindicación de nuestros valores”. El fracaso de la Fundación le causó un dolor indescriptible y yo también sufría por eso.
César Vallejo Ynfantes, no hizo más que cumplir una misión en su vida: portar el estandarte del autor de “Los heraldos negros”, pero no con simples retoricismos sino con hechos concretos: Testigos son los miles de niños que lo vieron en los colegios llevando el mensaje de Vallejo y se acercaban a él para admirarlo por su gran parecido con el poeta y pedirle un autógrafo; testigos somos nosotros que lo vimos en cuanta actividad cultural se organizaba para rendir homenaje al gran autor de Poemas humanos; testigo de excepción soy yo, repito, que lo vi apadrinar con Delfina Paredes, un monumento a Vallejo en un colegio de Los Olivos. Gratitud inmensa al Maestro que supo engrandecer la obra Georgette Vallejo al fin de la batalla en varias presentaciones en la capital y a su apoyo incondicional cuando sufría los ataques gratuitos que nunca faltan.
Queda en manos de la familia Vallejo continuar con su legado. Se lo pedimos nosotros, quienes empezamos a amar a Vallejo por sus versos y por sus convicciones políticas en defensa de los más pobres.
En una oportunidad, César Vallejo Ynfantes selló uno de sus artículos de manera singular, utilizando los versos del poeta: ¡Voluntarios, de la vida, por los buenos! ¡Matad la Muerte! Nosotros podríamos decir en esta fecha infausta, al pie de la piedra de su sepulcro: ¡César Vallejo Ynfantes, por la vida, por los buenos y prístinos de corazón! ¡Matad a la Muerte!

Miguel Pachas Almeyda.
Lima, Junio, 20 del 2012.

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