CÉSAR VALLEJO YNFANTES: UNA MISIÓN, UNA VIDA.

junio 30, 2012

CÉSAR VALLEJO YNFANTES: UNA MISIÓN, UNA VIDA.
“La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida si que nos los roba muchas veces y definitivamente”, nos dice una hermosa frase del escritor francés, Froncois Mauriac.
César Vallejo Ynfantes queda inmortalizado en nuestro recuerdo, como un hombre – paradigma de lucha y de esfuerzo constante durante toda su vida, por difundir y defender la memoria de nuestro gran autor de Trilce. Fue un hombre que dedicó su vida a la política y a la literatura; pero sobre todo, se propuso cumplir una misión que le atañía como una responsabilidad familiar, ineludible: llevar el mensaje de aquel hombre que levantó su voz cargado de originalidad, de una identidad por la tierra que lo vio nacer, indestructibles; y de una defensa cerrada por los que menos tienen.
“Llevo en alto la bandera de nuestro poeta universal, sin buscar el lucro; enaltecer su figura y mantener la vigencia de su voz, es esencialmente, un mensaje para las nuevas generaciones”, me dijo alguna vez cuando preparaba mi libro sobre Georgette de Vallejo, a quien también conoció y apoyó decididamente.
He sido testigo de excepción del tránsito existencial de César Vallejo Ynfantes en los senderos vallejianos. Cuando hablábamos de Vallejo, el sufrimiento se apoderaba de su ser al recordar los momentos difíciles del poeta en Europa y su alma sensible se quebraba hasta las lágrimas. Asumió hidalgamente el peso de la familia Vallejo, que no supo apoyar oportunamente al poeta cuando más lo necesitaba. “Y esto me causa mucho dolor, me decía don Cesítar (así lo llamaba, cariñosamente) tanto así que, cuando recuerdo los momentos tristes de su vida o cuando leo sus poemas, no puedo evitar llorar amargamente”.
Como todos los grandes hombres, su lucha no encontró el eco suficiente, ni en las altas esferas de los gobiernos de turno o de alguna organización vallejiana. Sus grandes propósitos por iniciar una campaña nacional e internacional para difundir la vida y obra de César Vallejo, similar al que Chile realiza con Pablo Neruda, determinó que organizara la “Fundación César Vallejo”, que, según sus palabras, debía convertirse en un “adalid de nuestra cultura que languidece; un motor y pionero del movimiento intelectual para la reivindicación de nuestros valores”. El fracaso de la Fundación le causó un dolor indescriptible y yo también sufría por eso.
César Vallejo Ynfantes, no hizo más que cumplir una misión en su vida: portar el estandarte del autor de “Los heraldos negros”, pero no con simples retoricismos sino con hechos concretos: Testigos son los miles de niños que lo vieron en los colegios llevando el mensaje de Vallejo y se acercaban a él para admirarlo por su gran parecido con el poeta y pedirle un autógrafo; testigos somos nosotros que lo vimos en cuanta actividad cultural se organizaba para rendir homenaje al gran autor de Poemas humanos; testigo de excepción soy yo, repito, que lo vi apadrinar con Delfina Paredes, un monumento a Vallejo en un colegio de Los Olivos. Gratitud inmensa al Maestro que supo engrandecer la obra Georgette Vallejo al fin de la batalla en varias presentaciones en la capital y a su apoyo incondicional cuando sufría los ataques gratuitos que nunca faltan.
Queda en manos de la familia Vallejo continuar con su legado. Se lo pedimos nosotros, quienes empezamos a amar a Vallejo por sus versos y por sus convicciones políticas en defensa de los más pobres.
En una oportunidad, César Vallejo Ynfantes selló uno de sus artículos de manera singular, utilizando los versos del poeta: ¡Voluntarios, de la vida, por los buenos! ¡Matad la Muerte! Nosotros podríamos decir en esta fecha infausta, al pie de la piedra de su sepulcro: ¡César Vallejo Ynfantes, por la vida, por los buenos y prístinos de corazón! ¡Matad a la Muerte!

Miguel Pachas Almeyda.
Lima, Junio, 20 del 2012.

REYNALDO ARENAS Y CÉSAR VALLEJO

enero 31, 2012


No puede existir una representación más cabal de la figura de un personaje como César Vallejo, sino existe de por medio una identificación plena con sus más caros ideales, sus luchas y sus esperanzas que, cuál inmenso huracán, emerge desde los sustratos quebradizos del infortunio, para transformarse en el impulso vital que permite vencer las más duras pruebas de la vida. Es éste impulso vital del poeta, que Reynaldo Arenas trasciende magistralmente en las tablas de un escenario.
Si nos ubicamos en la disyuntiva del Hamlet Shakesperiano, Ser o no ser, Arenas traduce magníficamente el Ser del poeta de Santiago de Chuco, porque evoca entre los planos que difieren la dualidad ─real o ficticio─ del mundo teatral, al Vallejo de carne y hueso, que hizo de su vida un cúmulo de interrogantes por resolver.
Y no hay nada más importante en este arte escénico, que traducir al personaje en incesantes briznas, en incesantes soles, para hablar en sentido metafórico de la existencia. Con Arenas, Vallejo da paso, en principio, a su incondicional apuesta por la vida, pero no solo de ésta vida efímera del que hablamos los mortales, sino del que trasciende más allá de la muerte. Sus pasos, a veces cargados de frenesí, al son de los cambios de luces y sonidos, dejan entrever al Vallejo autentico, galante, irónico, perseverante que, a pesar de algunos trastabillos, se levanta y con paso firme avanza mientras discute con el destino, que solo él es el responsable de llevarla hasta los límites de la grandiosidad.
Pero encarnar esa personalidad hecha de acero, ese carácter que brilla más cuando se suben los escalones de la inconvencionalidad sobre el arte; su pensamiento político revolucionario que halla innegablemente su par en los voluntarios de huesos fidedignos o, su filosofía que niega de manera constante a Schopenhauer, pasando por Nietzsche y estableciéndose finalmente en las cumbres heideggerianas; es la parte medular que Arenas sintetiza de manera extraordinaria sobre el gran autor de Trilce, en ese espacio llamado teatro, aquel microcosmos que arranca todas las grandezas y miserias del ser humano; ese espacio que hemos inventado para expresar lo que no podemos decir y vivir lo que nunca hemos vivido.
Reynaldo Arenas con talento inigualable, nos demuestra que Vallejo no es el poeta difícil y ajeno a las multitudes como tratan de encasillarlo, vanamente, los académicos. Tampoco es el hombre lúgubre, derrotado, que transita por los fríos caminos de París. Su misión es un compromiso que patentiza, paso a paso, una de las frases más importantes de Vallejo: “Todo arte o voz genial viene del pueblo y va hacia él”.
Por eso, en cada una de sus presentaciones en “Mi Vallejo, París y los caminos”, del conocido director y dramaturgo chileno Sergio Arrau, Arenas contextualiza el mensaje del poeta con nuestra realidad palpitante, donde todavía sobrevive la mezquindad ambiente, el temor a las ideas que hablan de los derechos inalienables del pueblo, la discriminación racial y económica, la corrupción y otros males del que fue víctima el propio Vallejo.
Graduado en la Escuela Nacional de Arte Dramático del Perú, Reynaldo Arenas es, de manera indiscutible, uno de los mejores actores que tiene nuestro país en los últimos tiempos y su don de gente, que camina a la par de su envergadura artística, nos dice finalmente que Vallejo le enseñó a Ser un hombre “más humano”.

Miguel Pachas Almeyda.

Lima, verano del 2012.

enero 3, 2012

GEORGETTE VALLEJO Y MARIO VARGAS LLOSA

Mario Vargas  Llosa y una sonriente Georgette Vallejo.

Este 7 de enero se celebra el 104 aniversario del nacimiento de Georgette Vallejo, esposa del autor de Trilce. Y, pasado los 27 años de su desaparición solo física, me parece interesante y significativo escribir algunas líneas para señalar la relación que tuvo con nuestro Nobel peruano, Mario Vargas  Llosa.

Aunque se desconoce la fecha exacta de cuando se conocieron, todo indica ─a decir del testimonio que brinda Vargas Llosa en El pez en el agua─ que fue por los años de 1954, año en que éste trabajaba con Raúl Porras Barrenechea en su casa de la calle Colina de la que Georgette Vallejo, entre otros renombrados personajes, era una asidua visitante. La amistad que puede situarse hasta límites admirativos entre Raúl Porras y Georgette Vallejo, merece un estudio aparte.

Es allí y por esos años que se conocieron Mario Vargas  Llosa y Georgette Vallejo, a quién el renombrado novelista calificaría como “la temible Georgette”.[1] Sin embargo, es el año de 1957 cuando los saludos y las cortesías propias de la formalidad, se transforman en amistad entre Georgette y el autor de La casa verde, cuando éste era todavía un estudiante sanmarquino y trabajaba en Radio Panamericana, además de ─según él─ aprendía más sobre el Perú en las investigaciones que hacía bajo la batuta de Raúl Porras, su maestro.

En setiembre de 1957, la revista francesa La Revue Francaise organiza un concurso de cuentos cuyo premio era un viaje de quince días a París. Vargas Llosa escribe El desafío, un cuento que integrará la colección de Los Jefes que el autor publica en 1959. Este relato ambientado en las cálidas tierras del norte peruano, específicamente en Piura ─lugar donde el escritor había estudiado su último año de la secundaria e hizo sus primeros pasos de dramaturgo con su obra La huida del Inca─, trata sobre un anciano que ve morir a su hijo en un duelo a cuchillo. Esta breve narración, considerado por algunos críticos como el mejor cuento de Vargas Llosa, fue lingüísticamente hablando, revisado y abrillantado en su traducción al francés, por Georgette Vallejo.[2]

Esta traducción logró aproximar de la mejor manera el cuento de Vargas Llosa a la lengua francesa e hizo que su autor se adueñara del codiciado premio que, desde ya, era toda una obsesión para el autor que soñaba con estrechar las manos de su admirado Jean-Paul Sartre. Este proceso de traducción realizado en el departamento de Georgette de la calle Dos de Mayo en Miraflores, acrecentó la amistad entre ambos. Una amistad que, a pesar de ciertos desencuentros y pareceres disímiles, dejaba entrever la simpatía y la admiración que tuvo Vargas Llosa hacia la figura de la temperamental Georgette.

Dejemos que el ping pong corra en dirección del novelista consagrado hacia la tenaz esposa del poeta Vallejo. Según él, Georgette “[era] una persona fascinante, cuando contaba anécdotas de escritores famosos que había conocido”, pero que exageraba cuando emprendía una cerrada defensa en cuanto a la vida y obra de Vallejo: “Todos los estudiosos vallejianos solían convertirse en sus enemigos mortales. Los detestaba, como por si acercarse a Vallejo le quitaran algo”.  Pareciera que Vargas  Llosa hasta los años de 1993, en que escribió sus memorias en El pez en el agua, no era consciente de la verdadera lucha que emprendiera Georgette en el lapso de su vida peruana que van desde 1951 hasta 1984. No había comprendido, quizás, que su lucha tenía que ver con que se conociera la vida y obra de César Vallejo de manera fidedigna; o que ella libraba grandes batallas para hacerse respetar como única heredera y propietaria de los derechos de autor y, no supo o no pudo valorar que, gracias a ella, los restos del poeta descansen en el lugar que él había soñado, antes de dejarnos en el fatídico año del 38.

Dejándose llevar por un comentario de Pablo Neruda, escribió que “Vallejo tenía tanto miedo a Georgette que se escapaba por los techos o las ventanas de su departamento de París para estar a solas con sus amigos”. Difícil dar crédito a estas afirmaciones ─corroboradas por Marco Aurelio Denegri─ pues, aparte de “escaparse” de esa manera desde un piso alto del edificio donde vivían en la rue Moliére 19 de París, es inconcebible que el poeta le tuviera “miedo” a su esposa, a pesar que era consciente que tenía un fortísimo carácter.

Destaca que Georgette poseía algo que no es común en muchos de los mortales, me refiero a la alta sensibilidad y solidaridad con los que menos tienen. En una oportunidad cuando la invitaron a almorzar en La Pizzería de la Diagonal, Mario y Julia ─por entonces su esposa─ fueron testigos de cómo Georgette los reprendió a ambos, con lágrimas en los ojos, “por haber dejado comida en el plato habiendo tantos hambrientos en el mundo”. Destaca, además, dejando de lado su conocida intemperancia, que era generosa porque se “desvivía por ayudar a los poetas comunistas con problemas económicos o políticos a los que, a veces, en tiempo de persecución, ocultaba en su casa”. Faceta política que ha sido refrendada por Max Silva Tuesta pero desconocido enfáticamente por Fernando de Szyszlo.[3]

Vargas Llosa considera que la amistad con Georgette era sumamente difícil “como atravesar un campo de brasas ardientes”, pero que a pesar de ello, siempre la buscaba para sacarla a pasear los sábados y, cuando vivía en París lo “ayudaba a cobrar algunos derechos o le enviaba medicinas homeopáticas”. La vio por última vez en la librería Mejia Baca y ante la pregunta que le hizo para conocer como estaba y como le iba, ella le espetó con la sinceridad que le era característico, expresiones crudas pero lleno de verdad, por el sufrimiento que obtenía cuando con una espada en el aire defendía el legado de Vallejo: “¿Cómo le puede ir a una en este país donde la gente es cada día más mala, más fea y más bruta?”.[4]

Empero, es muy poco lo que se conoce de alguna opinión de Georgette sobre Vargas  Llosa. La que tenemos tiene que ver con una pequeña observación que le hace al autor de Conversación en la Catedral, que alguna vez le contara a Max Silva Tuesta: “Mario es un exigente en la comida, es un engreído”.[5]

Finalmente, se puede aducir que en el fondo, entre Georgette y Mario Vargas Llosa existió una amistad lleno de consideraciones mutuas: él la admiraba y estimaba como una mujer temperamental pero de lucha y que supo apoyarla cuanto estuvo a su alcance. Ella también lo admiraba, como un escritor joven que basado en su talento ya era toda una promesa en las letras, apoyándolo en la traducción de El desafío, la primera obra con el que el novelista iniciara la cosecha de una larga lista de premios que halló la cumbre cuando obtuvo, merecidamente, de la Academia Sueca, el Nobel de Literatura 2010. Cuando Vargas Llosa recibió de manos de mi amiga, una peruana radicada en París por muchos años, la señora Jenny Rivas, el libro Georgette Vallejo al fin de la batalla en los amplios ambientes de la Casa de América Latina de Paris, dijo esbozando una sonrisa y quizás con algunos recuerdos llegados a su mente de esta gran mujer: “Ahh, un libro para Georgette. ¡Qué bonito!”.

Miguel Pachas Almeyda                                  Lima, verano del 2012.

 


[1] Vargas Llosa, Mario. El pez en el agua, Barcelona, Seix Barral, 1993, p. 277.

[2] Ibíd., p. 456.

[3] Pachas Almeyda, Miguel. Georgette en la óptica de Fernando de Szyszlo. Georgette Vallejo al fin de la batalla, Lima, 2008, p. 339.

[4] El pez en el agua, p. 458.

[5] Pachas, op. cit., p. 299.

FALLO DEL “PREMIO LETRA TELEFÓNICA DE INVESTIGACIÓN SOBRE LA ESTANCIA DE CÉSAR VALLEJO EN MADRID EN EL AÑO 1931”

junio 12, 2011

Ha sido un alto honor para mí participar en el concurso organizado en España por la Fundación Tema de Arte, sobre la presencia de César Vallejo en Madrid por los años de 1931; un año sumamente difícil para el poeta que, en compañía de Georgette, tras ser desterrado de París ─a fines de 1930─ por sus ideas políticas, viajaron a esta su “América hispana”. Fue el año más prolífico en la dura existencia del poeta, publicó El Tungsteno y Rusia en 1931, sin embargo, sus demás obras como Paco Yunque, Rusia y el segundo plan quinquenal y Lock Out, entre otros, fueron rechazados por la tremenda carga ideológica marxista.
Recorrer la vida de César Vallejo por la capital española en momentos cruciales de vida institucional y política, ha sido para mi recorrer la azarosa vida de un escritor que dignifica la pluma; un hombre que a pesar de tantas vicisitudes, jamás claudicó ante sus ideales. Por ello, Vallejo es grande, universal, como hombre y artista.
Finalmente, es un orgullo para mi haber obtenido una mención honrosa en este concurso internacional al lado de mis compatriotas, Rogelio Aguilar Oré (Ganador del premio) y Carlos Fernández y Valentino Gianuzzi.
Ha continuación, el fallo del Jurado Calificador que publica la Embajada del Perú en España:
Fallo del “Premio Letra Telefónica de investigación sobre la estancia de César Vallejo en Madrid en el año 1931”
La Fundación Temas de Arte comunica el resultado del “Premio Letra Telefónica de investigación sobre la estancia de César Vallejo en Madrid en el año 1931” convocado en el marco de “Letra. Encuentro Internacional de Creadores. Barrio de las Letras de Madrid. País invitado: Perú” (que tuvo lugar entre el 1 y el 4 de septiembre de 2010 con Mario Vargas Llosa como invitado de honor.
El ganador ha resultado ser el trabajo titulado “César Vallejo, huella física y metafísica en Madrid”, enviado bajo el seudónimo “Vivero de Abril”. Abierto el sobre que acompañaba al trabajo, se comprobó la identidad del ganador, quien es el señor Rogelio Oré Aguilar (Perú, 1969).
La Fundación Temas de Arte ha querido reconocer también con sendas menciones los trabajos de Carlos Fernández y Valentino Gianuzzi (titulado: “César Vallejo en Madrid en 1931: itinerario documental”, y presentado bajo el seudónimo de “Yuntas”) y de Miguel Pachas Almeyda (“César Vallejo y su América Hispana”, presentado bajo el seudónimo de “El Heraldo Blanco”).
La Fundación Temas de Arte considera que los tres trabajos finalistas son de gran valor para la reconstrucción de la estancia de César Vallejo en Madrid.

La Fundación Temas de Arte agradece especialmente la colaboración en las deliberaciones de Yolanda Vaccaro (corresponsal de El Comercio en España).
La Fundación Temas de Arte agradece muy especialmente el patrocinio de Telefónica y la colaboración de la Embajada del Perú en España, de El Comercio de Lima, del Círculo de Bellas Artes y de El Cultural de El Mundo para la convocatoria de este premio.
Oportunamente se dará a conocer el lugar y día de la entrega.
En Madrid, a los 27 días del mes de mayo.

Firman: Víctor del Campo, Presidente de la Fundación Temas de Arte y del Jurado del Premio

Beltrán Gambier, Director de la revista Intramuros y Secretario del Jurado del Premio

http://www.embajadaperu.es/index.htm
Fallo del “Premio Letra Telefónica de investigación sobre la …
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Fallo del “Premio Letra Telefónica de investigación sobre la estancia de …
http://www.embajadaperu.es/comunicados/20110530-FalloPremioLetra.pdf

GEORGETTE VALLEJO EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

abril 10, 2011

Desde los albores del siglo XX, la mujer había comprendido que la lucha era la mejor arma para hacer respetar sus derechos a participar en la vida social, económica, cultural y política de su país. Los grandes y justos logros –aunque todavía no del todo completo- que ha alcanzado la mujer en estos últimos tiempos, significan un merecido reconocimiento a su dignidad humana y a su rol protagónico desde el seno familiar hasta su imprescindible participación en la construcción de la nación y de la humanidad, en igualdad de condiciones que el género masculino.
Permítanme rescatar en el marco de la importancia de la mujer en el mundo, a una mujer arquetipo llamada Georgette Marie Philippart Travers, esposa de nuestro gran poeta, César Vallejo. Quisiera destacar en la figura de Georgette algunos de los roles trascedentes de la mujer, en principio, como esposa y compañera; luego, como editora y defensora de la vida y obra del poeta y, finalmente, como escritora y poetisa.
1. ESPOSA Y COMPAÑERA EJEMPLAR.
Georgette y César Vallejo se conocieron en el año de 1927 en la Ciudad Luz. El amor a primera vista se prendó de ellos. Él tenía sus 36 años y ella 20. En 1928 ―tras la muerte de la madre de Georgette― inicia una relación de convivencia que le traerá momentos muy gratos, pero también tragos muy amargos. Su padre, Alexandre Philippart, había fallecido en la batalla de Marne en la I Guerra Mundial en 1914. Obtiene como herencia de sus progenitores la suma de 280, 000 francos y un departamento en el cuarto piso de la calle Moliere N° 19 en el centro de París. Vallejo se iniciaba en el marxismo, en cambio Georgette era una antimarxista por excelencia, fruto de la educación de una familia conservadora.
La situación económica del poeta santiaguino, como todos sabemos, no era de lo mejor; sin embargo, permanecía latente en él una ineludible tarea de autorrealización personal; de formación política marxista no solo en el terreno de las concepciones teóricas sino la comprobación in situ de la aplicación y el avance del socialismo en la URSS de entonces. En este sentido, Georgette juega un papel preponderante, pues, a pesar de tener una posición política contraria, se une al compañero en el logro de sus ideales y, financia y acompaña a Vallejo en su segundo viaje a la URSS en setiembre de 1929, periplo que, además, les sirve como una ocasión especial para pasar una hermosa luna de miel.
Sin embargo, es en Rusia que en Georgette renace algunas objeciones a las ideas políticas que Vallejo persigue plenamente convencido, como el sistema más propicio para lograr una sociedad más justa entre los hombres, y le replica: “¿Esto es un país socialista? ¿Son las mujeres las que tienen que cargar con los baúles y las valijas? Vallejo decidió no responderle absolutamente nada, por el momento. Observamos que Georgette no puede concebir que sean justamente mujeres las que realicen esta pesada labor, hallándola discriminatoria. Es más, demuestra, desde ya ser una mujer, a pesar de sus juveniles años que, expresa sus pensamientos y sentimientos, dando inicio a lo que debe existir en toda pareja: la inagotable dialéctica como único camino para llegar a la verdad con argumentos. Vallejo que habíase quedado en deuda con una respuesta, en otro día, le arguyó casi con ironía: “Habías pensado encontrarte con un paraíso. ¡No hay paraíso! Ni aquí, ni en ninguna parte. Se trata de encontrar la justicia, justicia social y económica”. Al día siguiente, al partir hacia Varsovia, Georgette nos informa que “había empezado a comprender”. En la pareja Vallejo, sobre los cimientos del amor, se ha levantado otra de las estructuras fundamentales que los unirá de por vida: la unidad ideológica.
La fortaleza de estas columnatas pasó su mejor prueba cuando Vallejo fue desterrado de Francia por sus ideas políticas. Vallejo elige a España como el lugar más propicio para su desarrollo como escritor y político. Georgette no duda en abandonar su país de origen, se une a la causa del poeta y arriban a Madrid a inicios del año de 1931, en tan difícil situación económica que, no tienen lo suficiente para pagar siquiera el hospedaje. Fueron auxiliados por el poeta español, Rafael Alberti. ¿No es, acaso, digna de elogio la actitud de Georgette, que decide dejar su patria para enfrentar al lado de su compañero, los momentos más difíciles y asumir el reto de salir adelante en otra parte del mundo?
En España Vallejo se dedica a realizar labores de traductor para salir de la crisis económica. Logra publicar su obra narrativa El Tungsteno, y un ensayo, como producto de sus dos primeros viajes a la URSS, al que pone como rótulo, Rusia en 1931, obra que obtuvo gran éxito a nivel de un best seller, pero que, sin embargo, las dos últimas ediciones se negaron a cancelarle. Otras obras como Paco Yunque, Rusia ante el segundo plan quinquenal, El arte y la revolución, etc., fueron rechazadas por su carácter marxista. En octubre, Vallejo viaja por tercera y última vez a la URSS invitado por el Soviets para asistir al Congreso Internacional de Escritores Simpatizantes. A su regreso la situación económica era realmente insostenible, de tal modo que Georgette, a fines de aquel año, viaja a París en búsqueda de los mecanismos legales para que el poeta pueda volver a Francia, la que se hace efectiva el 12 de febrero de 1932.
Georgette en un acto de desprendimiento total opta por una alternativa extrema, podríamos decir un imposible, para acabar de una vez por todas con la incesante pobreza: vende su departamento de la calle Moliere, en 1933. Vivirán a partir de ahora en diferentes hoteles de la urbe parisina. Este accionar de Georgette, es una de las muestras de amor más importantes en la pareja Vallejo. En fin, las cosas materiales pasan a un segundo plano cuando se trata de vivir a plenitud al lado de la persona que se ama. En octubre de 1934 contraen matrimonio después de seis años de convivencia. En abril de 1938, Vallejo muere tras una larga agonía y Georgette queda sola, viuda a sus treinta años. Luego expresaría estas palabras que nos hablan del gran amor que lo unió a Vallejo: “Quedé casada con él, nunca me interesó otro hombre…a tal punto que, muerto él, me bastaba su mano y su mascarilla. Solo sentía que me faltaban sus pasos. Pero me dormía agarrada de su mano y no tenía la sensación de su muerte”. O las siguientes palabras que expresan gran compromiso en el ámbito de los principios: “Entre Vallejo y yo, tácito era el acuerdo: no se pronunciaba nunca la palabra felicidad personal o conyugal; vivíamos por y para la revolución mundial”. En 1951, Georgette decide venir al Perú tras los pasos de Vallejo. Su misión era difundir y defender el legado vallejiano desde la tierra que vio nacer al poeta.
2. EDITORA Y DEFENSORA DE LA VIDA Y OBRA DE VALLEJO
Tras la muerte del poeta, Georgette no solo se encarga de editar toda la obra póstuma de Vallejo, sino que debe realizar una ardua tarea de defender la vida y obra del autor de Trilce. Vallejo que empezaba a ascender el largo pináculo de la fama, se convertía en una presa apetitosa para la voracidad de los comerciantes que no perseguían más que los negros fines lucrativos, no interesándose jamás por difundir a un Vallejo de manera fidedigna. Aparecieron también algunos estudiosos que buscaban difundir la exégesis vallejiana, aunque, muchas veces, escribían datos biográficos que no lindaban con la realidad; en otras palabras, se presentaba a un Vallejo como producto de la manipulación.
Georgette editó la obra poética, narrativa, ensayística y teatral de Vallejo, en el lapso de 40 años (1939 -1979) siendo Poemas humanos, la primera publicación hecha en París a un año de la muerte del poeta. Sin embargo, las batallas que tuvo que librar no acabaron hasta los últimos días de su muerte, cuando defendió a brazo partido, la no repatriación de los restos de su esposo al Perú, que el gobernante de turno pretendía realizar con la finalidad de traficar con la memoria del poeta. Editar las obras de Vallejo le trajo consigo no solo la falta de reconocimiento a su importante labor (por instituciones tutelares como el Poder Ejecutivo, Legislativo, Universidades o grupos vallejianos) sino, que se ganó múltiples acusaciones que van desde “incapacidad” para cumplir la labor de albacea, hasta ser calificada en términos de vesania; pasando por manipuladora y destructora de manuscritos e incluso, se le negaba que fuera, legalmente, la esposa del poeta. La falta de respeto a su condición de mujer llegó a limites insospechados cuando la desconocieron, asimismo, como la legitima heredera de los derechos de autor del poeta, por la que tuvo que reaccionar interponiendo juicios a algunas editoriales para hacer valer sus derechos. Y todo esto, a pesar que existían muchos intelectuales que decían llamarse “Vallejistas”, sean estos connacionales o extranjeros. Es decir que, se iniciaba un afiebrado estudio sobre la vida y obra del poeta; brillaban los estudios en libros y en artículos en la prensa; se hacían homenajes para admirar, valorar y difundir la poesía del aedo santiaguino, sin embargo, en la praxis, el mensaje era incomprendido, nulo, pues, la esposa de este hombre con quien compartió los indecibles sufrimientos en la vida; la mujer que entregó todo de manera incondicional al compañero y esposo, siendo la única, acaso, que supo consustanciarse en una relación basado en el amor y en principios; sin embargo, reitero, fue cruelmente denostada y vilipendiada, no solo por la mayoría de la intelectualidad limeña, a excepción de algunas honrosas excepciones: sino, además, por los gobernantes de turno que, al principio, le brindaron una pensión de gracia por ser la viuda del más grande de los poetas que haya dado el Perú y que después le quitaron porque exigían a cambio la entrega de los manuscritos de la obras póstumas de Vallejo. Georgette fue testigo de excepción de un vallejismo a ultranza que tenía mucha relación con un verso de Vallejo que dice: “¡Y si después de tantas palabras, no sobrevive la palabra!”. Sea esta fecha celebratoria, una hermosa ocasión para exaltar y aplaudir el carácter de esta gran mujer para hacer valer sus derechos ante todos y contra todo.
3. GEORGETTE, ESCRITORA Y POETA.
Georgette representa uno de los casos más singulares y poco común en el mundo literario; pues, tras la muerte de Vallejo se convierte, obligada por las circunstancias, en escritora que utilizará la pluma para defender el legado vallejiano. Aparte de los diversos artículos que publica en la prensa nacional e internacional, escribió dos libros aclaratorios, de defensa, sobre la vida y obra del poeta: Apuntes biográficos sobre Poemas en Prosa y Poemas humanos, en 1968 y Allá ellos, allá ellos…diez años después, en 1978. Años atrás había sido presa de las musas y escribió su obra poética Máscara de cal, en 1964. En ella podemos observar una poesía con claras influencias vallejianas que trae en sus versos una sobrecarga de amor que tuvo por el esposo; las angustias de una vida llena de dificultades, las insatisfacciones por no haber tenido descendencia al lado del poeta; una tristeza incontenible ante la pérdida del ser amado; así como, el recuerdo inolvidable de la madre. Es un poemario que encierra el amor excelso a estos dos seres que colmaron, de alguna manera, de felicidad su dura existencia.
Se hace necesario rescatar, entonces, en esta oportunidad, algunos poemas georgettianos para medir la magnitud del amor que unió a esta mítica pareja: “Tú que has venido con tu dolor / y tus manos entreabiertas / sólo tus párpados hechos blanca ceniza / podían colmarse de tanta desgracia. / Agachada sobre tu cóncavo esqueleto / he sabido que yo te había amado / como deberían amar las piedras / y a la hora vencida de tu muerte / he levantado alto / y amado tu derrota”.
Este segundo y último poema, sintetiza la pureza y el amor inconmensurable: “Tú mi vida / tú mi dolor / Toda mujer eternamente / mece un niño / He nevado tanto para que duermas / y llorado hasta disolver tu ataúd”. Parte del penúltimo verso que acabamos de leer: “He nevado tanto para que duermas”, Georgette lo escribirá en el epitafio de la tumba de Vallejo.
César Vallejo, por su lado, le dejó escrito en su poesía ―aunque nunca se lo hizo saber― varias composiciones. He aquí algunos versos de uno de sus poemas más emblemáticos que le dedicara a su amada Georgette: “De veras, cuando pienso / en lo que es la vida / no puedo evitar de decírselo a Georgette, / a fin de comer algo agradable y salir, / por la tarde, comprar un buen periódico, / guardar un día para cuando no haya, / una noche también, para cuando haya / (así se dice en el Perú –me excuso); del mismo modo, sufro con gran cuidado, / a fin de no gritar o de llorar, ya que los ojos / poseen, independientemente de uno, sus pobrezas, / quiero decir, su oficio, algo / que resbala del alma y cae al alma…”.
Hubo de transcurrir 32 años, para que en 1970, Georgette de cumplimiento con uno de los sueños más caros del poeta: descanso eterno en el cementerio de Montparnasse. Sea éste uno de los gestos más admirables que una mujer como Georgette pudo hacer por el esposo: cumplir con un deseo solicitado muchos años atrás cuando ambos paseaban por dicho camposanto.
Finalmente, debemos resaltar el rol trascedente de Georgette Vallejo en la vida y obra del poeta de Los heraldos negros; destacar y valorar en ella a la mujer que lucha al lado del esposo denodadamente para vencer los diversos obstáculos que se presentan en la vida; valorar su permeabilidad no solo al cambio ideológico sino a la forma como asumió con responsabilidad y consecuencia estos ideales del poeta y que también hiciera suyo de por vida; admirar uno de los valores que dignifica a toda mujer: la fidelidad a la pareja; reconocer y reivindicar su memoria por habernos brindado el Vallejo auténtico en una lucha perseverante que realizó hasta sus últimos días, el 4 de diciembre de 1984. Sin duda, esta relación de los Vallejo quedará sellada en uno de los más bellos sonetos de amor jamás escrito en lengua española y que pertenece al lírida español, Francisco de Quevedo: “Amor constante más allá de la muerte”.

Miguel Pachas Almeyda. Lima, marzo del 2011

GEORGETTE VALLEJO EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

abril 10, 2011



CÉSAR VALLEJO UN PELIGRO EN PLENO SIGLO XXI

agosto 23, 2010

Mientras que en Madrid, el próximo 1º de septiembre se premia con tres mil euros al ganador del trabajo: “Investigación sobre la estadía de César Vallejo en la capital española en 1931”, –evento internacional organizado por “LETRA 2010”, en el que participarán dos de nuestros más altos representantes de la cultura nacional, Mario Vargas Llosa y Fernando de Szyszlo–; acá en nuestro país, una universidad privada que lleva el nombre del más notable de nuestros poetas, se da el lujo de expulsar a sus profesores que dictaban cátedra sobre la vida y obra de este gran autor, acusándolos, nada menos, de “apologistas del terrorismo”.

Y justamente, volviendo a la parte introductoria, es de esperarse que el autor español, ganador de la investigación sobre la estadía vallejiana en la tierra de Cervantes, enaltezca debidamente la prolífica labor del peruano, por haber escrito en aquel año –tras ser desterrado de Francia por sus ideas políticas–, una de sus obras que se constituyó todo un best seller de la época: Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin. Esta obra representa –según Ediciones Ulises– “la versión más completa, más rica en facetas, más profundas, imparcial y actualísima de cuantas se han dado sobre el Soviet”. En ella encontramos citas que levantan los pelos burgueses, y en este caso en particular, de Juan Manuel Pacheco, que así se llama el representante de dicha universidad: “Pienso en los desocupados. Pienso en los cuarenta millones de hambrientos que el capitalismo ha arrojado de sus fábricas y de sus campos. ¡Quince millones de obreros parados y sus familias! ¿Qué va a ser de este ejército de pobres, sin precedente en la historia?”… Vallejo plantea, de manera definitiva, que la transformación del mundo vendrá “tarde o temprano, por acción violenta de esos cuarenta millones de hambrientos y victimas de los patronos…”. (Vallejo, 1965, pp. 184-185).

Según Pacheco, algunas citas como éstas no deben llegar a oídos de los estudiantes universitarios. Cree y teme que exacerbe la violencia en los jóvenes. Este nuevo mensajero apolítico se atreve a desconocer la condición marxista del autor de Trilce, y considera que debe desaparecer, inevitablemente, como punto temático en la cátedra vallejiana. Para este señor, los jóvenes universitarios deben conocer al Vallejo mutilado, al Vallejo romántico, nada más. Y aquel maestro de cátedra que ose hablar sobre el marxismo de Vallejo, es llevado inmediatamente al banquillo de los acusados, como apologista del terrorismo. ¡Qué injusticia! ¡Qué tal infamia en contra de César Vallejo! ¿Merece esta universidad, seguir con el rótulo de tan ilustre escritor, que lleva muy en alto el nombre de nuestro Perú? ¿Alguna vez el propietario de esta casa de estudios pagó algún derecho, a alguien, por utilizar el nombre de tan prestigioso hombre de letras? ¿Conoce la ciudadanía, entre ellos sus alumnos, que le pasó al dueño de esta universidad por utilizar, sin autorización, el dibujo vallejiano de Picasso como logo de su institución universitaria?

Continúan mis interrogantes: ¿No sabían, acaso, las autoridades de esta universidad, que hacer cátedra Vallejo comprende estudiar y analizar en el campo de la dialéctica, la vida y obra de César Vallejo? ¿Seríamos consecuentes con el poeta, si enseñamos solo el aspecto poético, tentando apenas líneas declamatorias? ¿Es que los jóvenes actuales, no pueden conocer la cruda realidad en que vivimos, a la luz de las teorías vallejianas? No, señores funcionarios. No olviden que Vallejo fue consecuente con sus ideales y su ejemplar integridad, solo puede medirse a la luz de los hechos concretos en su difícil existencia. ¿No es, acaso, esta muestra de dignidad humana, el más claro paradigma para los jóvenes de hoy y del mañana? Sé que lo saben, pero es necesario nuevamente recordarles. Verbigracia: Vallejo en las postrimería de su existencia, el gobierno de O.R. Benavides decidió “prestarle” su apoyo para que regrese al Perú, pero condicionándolo a que dejara de lado su posición política. Antes, en Europa, inició su carrera marxista. Lo desterraron de Francia y partió a España con Georgette. ¿Alguna vez Vallejo demostró cierta vacilación o debilidad con sus principios ideológicos y políticos? ¡Jamás! Nada, ni nadie pudo cambiar sus posturas consecuentes. Su afinidad política, su adherencia en pro del pueblo, fue con JCM, y de ello resalta como prueba contundente la conformación de la célula parisina del partido socialista del Perú, en 1928.

Es hora de levantar mi voz de protesta, y exigir, desde esta tribuna, que el señor Pacheco demuestre que los profesores –a quien ha expulsado abusivamente– son apologistas del terrorismo. Y como no va a poder demostrarlo, se retracte y haga que dichos maestros vuelvan a las aulas. Solo así se podrá resarcir la figura agigantada del escritor santiaguino.

Finalmente, dos cosas: primero, no olvidemos, jamás, que Vallejo no es solo un revolucionario de la palabra, del lenguaje poético; sino, un revolucionario en la vida y en su injusto y explotador sistema, a decir de Fernando Oña Pardo. Y segundo, repetir lo que dijo Georgette, su tenaz esposa: “Vallejo fue un hombre profundo, también un marxista encendido, combativo, intranquilo. Se puede discrepar con sus ideas, pero no cambiarlas. No se puede fabricar otro Vallejo”.

Lima, invierno del 2010.

Miguel Pachas Almeyda.

VALLEJO SIN FRONTERAS POR PEDRO GRANADOS

abril 3, 2010

Una de las alas más importantes de la prolífica labor del escritor y poeta, Pedro Granados, discurre en propender por las sendas de la heterodoxia –sin dejar de lado el rigor intelectual, como afirma el autor–, la exegesis de la vida y obra de César Vallejo.
Granados, ha logrado revelar a través de sus obras, verbigracia, Poéticas y utopías de César Vallejo, nuevas aristas, nuevas cimas, penetrando en lo ignoto, descubriendo inéditas facetas del autor de Trilce. Tiene muy claro que los estudios que pesan sobre el poeta hasta la actualidad, son cíclicos y por ende, interminables. Advierte que para encontrar a Vallejo en su laboratorio vital, es decir, en su creación incesante de luces multicolores, se hace necesario utilizar aquel prisma, que a la postre nos brinde –como en la ciencia– una real aproximación al conocimiento de este gran hombre que nació, vivió y murió enmarcado en los cánones de un autentico y revolucionario creador.

Vallejo sin fronteras, su nueva obra, es el súmmum de toda una gama de artículos, reseñas, crónicas, ensayos, talleres, etc., entre las cuales podemos destacar:

I. ARTÍCULOS
a) “Compromiso y magia en la poesía de agitación política. El caso de Roque Dalton (y César Vallejo)”. V Congreso Internacional de Literatura Hispánica. Lima, en el 2006.
b) “El diálogo Borges-Vallejo: un silencio elocuente”. 2007.
c) “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana”. 2007.
d) Santo Domingo, Dominican Republic. 2008.
e) “El taller literario César Vallejo en la República Dominicana”. 2008.
f) “Mujer, fatal, compañera y madre en la poesía de César Vallejo”. 2010.

II. RESEÑAS Y CRÓNICAS

a) “Crónica de Santiago de Chuco. César Vallejo: al filo del reglamento”. 2005.
b) “César Vallejo y su pensamiento cuantitativo”. Escritores y poetas en español. http://www.letras.s5.com 2005.
c) Stumbling Between several enemies? (Reseña al libro de Stephen Hart, Stumbling Between 46 star). 2008.
d) “Trilce y Georgette” (Reseña al libro de Miguel Pachas, Georgette Vallejo al fin de la batalla). 2008.

Transcribo, a continuación, las palabras de presentación hecha por Pedro Granados, sobre su obra en ciernes:

“Vallejo sin fronteras” alude, en estos textos posteriores a mi tesis de doctorado para Boston University –Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: Fondo editorial PUCP, 2004), precisamente a explicitar y enfatizar aquella radical condición de la obra lírica del peruano. El presente volumen lo constituyen nueve ensayos (entre artículos, reseñas y una crónica), escritos durante los últimos cinco años, cuyo repaso de los títulos resulta de por sí ilustrativo. De este modo, y atendiendo la secuencia, hayamos los poemas de Vallejo ventilados desde su dimensión femenina: la inherente al propio yo poético y, simultáneamente, la vinculada a la mujer como tema o referente; dimensión femenina de la que, asimismo, se intenta explicar su proceso de construcción o articulación semántica desde Los heraldos negros hasta “España, aparta de mí este cáliz”.

Respecto a “El Taller Literario César Vallejo en la República Dominicana”, este artículo tiene que ver con la recepción del autor de Trilce en contextos tan poco estudiados como las Antillas; y, en este caso particular, la ciudad de Santo Domingo durante la década del 80. Taller que, además, y sin exagerar un ápice, hizo posible la experimentación y el posterior desarrollo de una propuesta poética plenamente moderna (ahora mismo postmoderna) como es el caso de la destacada –y hoy por hoy en pleno auge– poesía dominicana.

Luego, sigue un ensayo que intenta leer Trilce desde la clave de la marinera limeña; es decir, desde el contexto de la modernización de Lima (años 20) y la gravitación de la clase proletaria… en específico, desde la quinta o el callejón donde los obreros –y César Vallejo acaso como un curioso provinciano o un polizón sin barrio– celebraban la vida con aquel ritmo de raíz afro-peruana. Obvio, es un intento de encarnar aquel poemario de 1922 y rescatar –incluso el debatido significado de su título– de la mitología internacional, con empaque académico, desde donde usualmente se lo lee; como del cerrado coto andino o abalorio de anécdotas que, igualmente, sólo por inercia mental permitimos continúe aquel libro maniatado.

Por otro lado, “El diálogo Borges-Vallejo: un silencio elocuente” (ensayo publicado en Variaciones Borges) contribuye, tal como leemos en un portal de la Web:
“a la comprensión de dos sensibilidades poéticas altamente incompatibles y aparentemente disociadas que la crítica suele ubicar en estancos separados pese a formar parte de un mismo momento literario […] Como es bien sabido, las trayectorias de ambos siguen caminos divergentes dentro de la renovación poética de vanguardia; sin embargo, en la obra de uno y otro pueden detectarse ecos de un diálogo indirecto y polémico. En este ensayo se ofrecen algunos vestigios que apoyan tal conjetura, pero sobre todo se busca profundizar en aspectos definitorios de ambas poéticas y delinear correspondencias entrañables entre una y otra”
[http://www.connotas.uson.mx/vol8/resumenes_ingles.htm]

Por lo tanto, el lema “Vallejo sin fronteras” se corrobora nuevamente en tanto, esta vez, construye un diálogo intelectual aparentemente imposible; e ilustra, adicionalmente, un gesto fundamental en el ámbito de hacer más productiva –vía el conocimiento mutuo y la tolerancia– la convivencia (en este caso poética) entre nuestras sociedades y culturas.

Culminando el apartado “Artículos”, nos encontramos con un texto que pone de relieve la radicalidad y, simultáneamente, la complejidad del compromiso político de un autor como el salvadoreño Roque Dalton. Poeta, este último, que se consideraba él mismo como miembro integrante de la “Familia Vallejo” (frente a la “Familia Neruda”), entre sus colegas escritores, y en cuya obra comprobamos precisamente aquello: sus afinidades artísticas, filosóficas e ideológicas con la poesía del peruano.

En lo concerniente a las “Reseñas y crónicas”, aunque en este formato “menor”, también ventilan aspectos poco transitados por la crítica vallejiana y, en general, se vinculan a lo estudiado asimismo en los artículos. De este modo, el tema de Georgette Philippart es tratado tanto en relación al libro de Miguel Pachas (Georgette Vallejo, al fin de la batalla) como en lo relativo al volumen de Stephen Hart (Stumbling between 46 stars), en particular, al video adjunto a este libro que recrea las relaciones entre ambos esposos y, concretamente, especula sobre el rol más bien siniestro de Georgette en el destino de los desaparecidos manuscritos de Vallejo. En general, respecto al papel de la célebre viuda en la vida literaria de su esposo, en estas reseñas se matizan o problematizan automáticas adhesiones o detracciones. Georgette Philippart, no sabemos si fue realmente la celosa guardiana de los poemas póstumos de su esposo; pero sí, con seguridad, la primera que creó –en cuanto lectora– un tipo de Vallejo. Aquel del perfil político o comprometido, en desmedro de uno anterior a ella: el yo poético de Los heraldos negros y Trilce.

Los textos restantes, una reseña y aquél titulado “Crónica de Santiago de Chuco. César Vallejo: al filo del reglamento”, no hacen sino reiterar y continuar ilustrando aquella vocación por la complejidad, simultaneidad y alcance sin fronteras que percibimos en la poesía vallejiana. Ejemplo sin par, creemos, de obra abierta y en diálogo constante con lo que somos, con lo que podemos llegar a ser.

Saludamos, desde ya, Vallejo sin fronteras, de Pedro Granados, una obra, sin duda, de vital importancia para conocer más de cerca al escritor y poeta, César Vallejo.

TRILCE Y GEORGETTE POR PEDRO GRANADOS

abril 1, 2010

Este libro de Miguel Pachas Almeyda son varios libros. Varias puertas de entrada al personaje Georgette de Vallejo; a cada uno de los vallejistas convocados como testigos privilegiados aquí; y, finalmente, al mismo poeta nacido en Santiago de Chuco. Compendio misceláneo de rica información y oportuna documentación. Diálogo de Miguel Pachas, propiciatorio de la reflexión, con aquellos críticos afines a la viuda –Max Silva Tuesta, de modo paradigmático y al alcance de la mano– y también con los detractores de la misma — Juan Larrea, sobre todo, ventilado desde diversas fuentes y a la distancia–. Debate que tiene, acaso como nota predominante, el fervor indiscutible del autor hacia la polémica figura de Philippart Travers. Todo lo anterior sumado al hecho de que el tema literario de fondo son los avatares y difusión de la denominada poesía póstuma del autor de Trilce; es decir, de aquélla que, por ejemplo un vallejólogo como Américo Ferrari, denomina poemas de París I y II. Poemas estos últimos, valga la redundancia, que no son Trilce; que César Vallejo escribió y publicó antes de conocer, según inferimos de la lectura del libro de Pachas, a su abnegada y devota Georgette. Sin embargo, poemario de 1922 –añadimos nosotros– insondable o indomesticable tal como la propia viuda de César Vallejo.

El libro de Pachas, otros documentos y otros testimonios y anécdotas parecerían inducirnos a considerar aquello. Es decir, comprobar sistemáticamente no la linealidad o el acuerdo; sino más bien, una y otra vez en Trilce y en la figura de Georgette, la tensión inherente al oxímoron y a la constante heterodoxia. Es curioso, la viuda –que identificamos y quizá se identifica a sí misma con los poemas “humanos”– no cita o alude nunca a Los heraldos negros o a Trilce. Sin embargo, nuestro breve texto quiere llamar la atención, precisamente, sobre el silencio elocuente de sus afinidades. Libro y dama díscolos ambos y, podríamos decir también, mutuamente excluyentes. Trilce es el gran ausente-presente en el libro de Pachas como en el discurso de Georgette de Vallejo. La viuda no tiene oídos para él. No lo entendió; algunos de sus detractores –José Miguel Oviedo con seguridad– diría que por falta de competencia sería para ella imposible entenderlo. Celos, argulliría Juan Fló, por aquella dupla amor-odio que cree percibir en la actitud de la viuda hacia la obra de su finado esposo y, pudiera aducirse también, porque Trilce plasma otros grandes amores y pasiones en la biografía del poeta. Fuere como fuere, y repasando siempre el libro de Miguel Pachas Almeyda, podríamos acaso concluir que es la misma crítica la que ha constituido un ser polimórfico y acaso tan impenetrable como el poemario más difícil de nuestra lengua (Julio Ortega, refiriéndose a Trilce). Complejidad, oxímoron, conjunción efímera de extremos que percibe con objetividad otro de los afamados vallejistas que pudo trabar amistad con a la viuda, nos referimos al pintor Fernando de Szyszlo. Sin embargo, complejidad que hoy por hoy tampoco exime, aunque más mesurados, a algunos epígonos de Juan Larrea que insistirían en dudar no sólo de la inocencia de Georgette, por ejemplo, respecto a la desaparición de los autógrafos de Vallejo (1); sino de la ecuanimidad o salud mental del mismo poeta. Stephen Hart, en la actualidad profesor de la University of London, sería uno de estos célebres críticos post-larreanos; es decir, para este estudioso, César Vallejo no sólo sería un ser dual — incongruente entre su vida y su poesía–, sino –hasta que hace sólo unos pocos meses los tribunales probaron fehacientemente lo contrario– también asesino y prófugo.

Obviamente, los alcances del profesor Hart se hallan contaminados, como todos los estudios sobre Vallejo, también de ficción, de mito o del propio prejuicio cultural desde el cual tendemos la mirada. En este sentido, el ingrediente Georgette no es una excepción en la exégesis y en los debates sobre el autor de Trilce, a pesar incluso del presente enjundioso libro de Miguel Pachas. Es decir, somos observadores externos y tenemos un acercamiento necesariamente metafórico de la poesía y, también en este caso, de la vida de los Vallejo. Y esto para nada está mal o es negativo. Simplemente ilustra una situación altamente compleja; por un lado, la de una poesía que niega naturalizar su radical alteridad. Y por otro lado, la de una persona educada y de mediana posición en Francia que experimentó en carne propia y tenazmente el Perú (vivió de 50 centavos de bonito durante doce años) (2); que se encandiló, aunque sin jamás someterse, de un hombre mayor, seductor y exótico para ella y su juventud; y que a su modo –y límites– hizo defensa a ultranza de un legado que, sin Los heraldos negros ni Trilce en su mente, quizá sobredimensionó (3). Sus desencuentros constantes e intransigencias, producto de querer honrar lo que creía su singular misión, parecerían ilustrar dramáticamente todo aquello.

NOTAS

(1) “son las primeras versiones (52) escritas a mano por Vallejo de muchos de los Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz antes de escribir la versión mecanografiada”, según leemos en un impreso distribuido en ocasión de la charla del profesor Hart que inaugurara el VII Congreso Internacional de Literatura Hispánica (Cuzco, 3 al 6 de marzo de 2008). En: “STUMBLING BETWEEN SEVERAL ENEMIES?”. Blog de Pedro Granados [http://blog.pucp.edu.pe/item/20436] 16/03/08

(2) “Una carta inédita de Georgette [a su amiga Maruja Velásquez]”. En: Manuel Velásquez Rojas, Ojos de venado (Lima: Ediciones Perú Joven, 1990) pp. 87-88.

(3) Es posible, además, que Los heraldos negros y, en particular, Trilce no fueran para Georgette poesía “comprometida”. En este sentido, si bien no habría manipulado los textos de su finado esposo, sí habría influido en la recepción de una parte privilegiada de la poesía de Vallejo, aquella póstuma. Colaborando de este modo, desde un inicio y activamente, en brindarnos una visión del poeta –aquella supuestamente política, dolorida y solidaria– que si bien es indiscutible, no es la única. Como dato adicional podríamos consignar que esta suerte de miopía de Georgette sería semejante a la que tuvo el mismo Vallejo, por ejemplo, hacia la obra del primer Borges: ”No pido a los poetas de América que canten el Fervor de Buenos Aires” (Repertorio Americano, 1927, mayo 5, p. 92); cuando una crítica más reciente, como la de Andrés Avellaneda, contra argumenta y nos ilustra: “No pudimos leer en “El hombre del umbral” o en “El jardín de los senderos que se bifurcan” la discusión que esos textos hacen del colonialismo, o en “La historia del guerrero y la cautiva” la ambigua crítica a la conquista del desierto, al triunfo del hombre blanco y, por tanto, de Roca y de la historia oficial Argentina” (“Borges y nosotros, en los sesenta”. Cuadernos Hispanoamericanos, 505-507, 1992, p.231).

CÉSAR VALLEJO EN EL 118 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

marzo 20, 2010

Yo nací un día, que Dios estuvo enfermo, grave.
César Vallejo

Así, nos recuerda César Vallejo su llegada a este mundo. Así lo plasma en su obra primigenia LHN. Hoy que celebramos en esta casa de la cultura peruana, el 118 aniversario de su nacimiento, es el momento más propicio para ponderar el significado y la trascendencia de su legado.

César Vallejo demostró siempre –en el Perú y en Europa– una constante búsqueda de superación personal e intelectual, a pesar de sus problemas económicos. Incesante, fue además, en el proceso de su creatud: la innovación poética. Trilce. Fue un poeta que prefirió entregarnos una poesía que brotaba de su alma atormentada, una poesía que decía mucho de los caros sufrimientos del hombre. Una obra que determinaría un nuevo cauce de la lírica en el mundo. Sin embargo, esta obra pasó inadvertida, incomprendida y vilipendiada. En una polémica nacida en el norte del país, se escribió: “Trilce, es el más solemne disparate que ha podido producir la patológica mente de un mozo…” Nada amilanaría al poeta, porque él prefirió la libertad y apostó por la sensibilidad antes que la inteligencia o la retórica; luego escribiría: “Siempre gusté de no discutirme ni explicarme, pues creo que hay cosas o momentos en la vida de las cosas que únicamente el tiempo revela y define”.

Su capacidad portentosa en el uso del lenguaje, le permitió teñir a sus obras con una voz cargada de humanidad, de unión fraternal y solidaria, basado en la justicia e igualdad entre todos los hombres. Una vasta producción centra su atención en las distintas aristas de la expresión literaria: Cinco obras poéticas, si la consideramos por separados: LHN, Trilce, Poemas en Prosa, PH y EAC. Nueve obras narrativas. Cinco ensayos. Cuatro obras teatrales. 249 artículos periodísticos, publicados en diferentes países del mundo, y, cuatro traducciones, uno en París y tres en Madrid. César Vallejo fue el mejor ejemplo, en esencia, de una actitud que iluminaba todo su ser: una real consecuencia con sus ideales y una intachable integridad moral e intelectual, de hombre y artista.

En su hermoso poema “Batallas” de EAC, nos exhorta:

… pelear por todos y pelear/ para que el individuo sea un hombre/ para que los señores sean hombres/ para que todo el mundo sea un hombre/ y para que hasta los animales sean hombres…

Y al lado de este gran hombre, como César Vallejo, una gran mujer: Georgette Vallejo.

Georgette nació el 7 de enero de 1908 en París y conoció a Vallejo en el año 1927. La forma como se conocieron y lucharon por su amor, es realmente novelesca. Acompañó al poeta en su segundo viaje a Rusia en 1929; a España luego de ser desterrado por sus ideas políticas a fines de 1930; y en el Congreso Internacional de escritores Antifascistas en Valencia en 1937. ¿No son acaso, éstas, pruebas irrefutables del gran amor que los unió?

Aunque de raíces burguesas en sus inicios, convirtiose después en una militante del marxismo vallejiano. Se casaron para siempre en el año 1934 en París. La muerte prematura del poeta en 1938, fue, quizás, el más duro golpe en su existencia, como lo fueron las dos guerras mundiales que tuvo que vivir. “Cuando él murió, estuve ciega durante cuatro horas. Estuve loca”, nos recuerda Georgette.

En 1939, publica Poema humanos, que lleva a nuestro escritor a ocupar los escalones más altos de la poética mundial. En 1951, Georgette no puede vivir más en París y decide seguir los pasos de Vallejo, llegando al Perú un 6 de mayo de 1951. En 1952, su vida no podía continuar con normalidad, sino visitaba la casa del poeta, y al cruzar el portal de la casa, exclamó: “Llego a la casa de Vallejo, pero sin Vallejo”.

Si pudiéramos resumir la gran labor de Georgette por César Vallejo, diríamos que: a) Rescató y publicó los textos inéditos vallejianos. b) Difundió y defendió la pureza radical de su vida y su obra. c) Cumplió el más caro deseo del poeta: descanso eterno en el cementerio de Montparnasse. He aquí la relación de obras publicadas bajo la supervisión de Georgette Vallejo:

Poemas humanos, 1939.
Novelas y cuentos completos. Lima, Moncloa Editores, 1967.
Obra poética completa. Edición con facsímiles. Lima. Moncloa Editores, 1968.
Contra el secreto profesional. Lima. Mosca Azul. 1973.
El arte y la revolución, Lima, Mosca Azul. 1973.
Teatro completo. Lima, Universidad Católica del Perú, 1979.
Obra poética completa. Edición con facsímiles. Caracas. Biblioteca Ayacucho, 1979.

Sumamos 40 años de incesante trabajo dedicados a César Vallejo. Cabe preguntarse, entonces ¿Por qué no fueron reconocidos sus grandes esfuerzos por autoridades e intelectuales de nuestro país? ¿Por qué fue tan denostada y vilipendiada? ¿Cómo explicar el “vallejismo” de algunos estudiosos como Juan Larrea y otros, que se le enfrentaron y acusaron de la manera más cruel, no importándole para nada su condición de dama y esposa de César Vallejo? ¿Acaso, se puede hacer vallejismo sin Vallejo? ¡Por supuesto que no! El caso Larrea no tiene comparación en niveles de crueldades ni siquiera en su lucha enconada que sostuvo con Pablo Neruda o en el caso de otros enfrentamientos, como el de MVLL con Jorge Luís Recavarren.
Increíblemente, aparecen las múltiples acusaciones:
a) Apropiarse de la obra de Vallejo.
b) Manipulación cronológica de la obra poética.
c) Diseminación y destrucción de manuscritos y libreta de apuntes, para ocultar las manipulaciones.
d) Inventar el Vallejo político.
e) Negarse a tener descendencia con el poeta y responsable de reiterados malogros.
f) Apropiarse del cadáver del poeta, no permitiendo que sus restos fueran repatriados al Perú.
g) Oponerse a la difusión de las obras de Vallejo.
h) Ignorante en materia literaria e incapaz de administrar la herencia vallejiana.
i) Explotar y parasitar a Vallejo.
j) Neurótica, intratable y vesánica.
k) No ser la esposa de Vallejo.
l) Poseer un doble conflicto por Vallejo: admiración-odio.
Georgette luchó incansablemente en contra de quienes intentaron, en primer término, tergiversar la vida y obra del autor de Trilce, y, en segundo término, en contra de aquellos que solo vieron en Vallejo la mejor forma de lucrar con su memoria. En otras palabras, sin Georgette, quizás, conoceríamos actualmente un Vallejo como producto de vergonzosas manipulaciones. Al respecto escribió: “Jamás se ha visto autor más impúdicamente escarbado, más patológicamente disecado y triturado, más vorazmente comercializado que el autor Vallejo”.
Georgette murió el 4 de diciembre de 1984. Nunca fue objeto de algún reconocimiento. La mayoría de la intelectualidad –vallejiana, claro está– pretendió enterrarla en el olvido. Adrede era extirpada en los temas que lo vinculaban con Vallejo, hasta en las fotografías. Es esta injusticia en contra de una gran mujer, que me llevó a escribir el libro Georgette Vallejo al fin de la batalla, publicado con motivo del centenario de su nacimiento.
Se hace imprescindible indicar que Georgette, así como tuvo muchos detractores que no supieron valorar ni un ápice a su abnegada labor, también existieron intelectuales de primera línea que lucharon a su lado, y no debo ir muy lejos para mencionar a uno de ellos, el Dr. Max Silva Tuesta; Fernando de Szyszlo, Raúl Porras Barrenechea, César Calvo, José María Arguedas, etc. También hubieron intelectuales que supieron reconocerla, como Jesús Cabel, que le dedicó su obra Correspondencia Completa de César Vallejo en el año 2002, y, Jesús Fernández Palacios, escritor y poeta gaditano, que nos escribe desde España: “Es conveniente y justo reivindicar la figura de Georgette que, como todo el mundo debe saber, fue una mujer decisiva y benéfica en la vida y tras la muerte de César Vallejo. Y además porque recordar a Georgette es también recordar al gran poeta, que tanto lo merece en todo tiempo y lugar, que tanta huella entrañable nos ha dejado a sus contemporáneos.

[Georgette] –prosigue Fernández Palacios–, deseosa de conocer la tierra de su esposo, donde nunca pudo ir con él a pesar de los intentos, según cuenta el periodista Jorge Donayre: “Una templada mañana de mayo de 1951 bajó por la escalera del vapor “Reina del Pacífico” una menuda dama de boina, falda morada y blusa verde con una maleta de viaje y varios libros”. Georgette según Donayre, “habló poco, pero todo lo que dijo entonces lo hizo con especial dulzura, ni asomo alguno de pesimismo”. El pesimismo y la desconfianza llegaron más tarde, cuando ella fue comprobando la falta de sensibilidad en su entorno y hacia la figura y la obra de César Vallejo. Aparte de las malas ediciones y de las ediciones piratas, aparte de que los editores la engañaban también en las liquidaciones de los derechos de autor, le irritan sobremanera los falsos comentarios sobre Vallejo, las mentiras que se escribían y las exageraciones. “¡Oh, se ha dicho de todo! –se quejaba–. Han dicho que Vallejo fue borracho, narcómano, sifilítico, que andaba detrás de las zorras. Yo en mi vida lo vi beber. Era un hombre serio, disciplinado, que escribía mucho. Un hombre a quien conocí bien. Lo he visto vivir durante nueve años. Por supuesto no conocí su cerebro, pero sí sus costumbres. Vallejo ni siquiera fumaba. Con medio vaso de vino ya estaba mareado”.
En fin, considero que trabajar por César y Georgette Vallejo, requiere de nosotros algo más que emoción palpitante por su poesía, requiere fundamentalmente, una posición clara, transparente y honesta para defenderlos en honor a la verdad y la justicia. Escribir sobre Georgette Vallejo me significó, necesariamente, comprobar el comportamiento ético de la intelectualidad de la época y tomarla luego como un parangón con relación a nuestro propio caminar como intelectual en estos últimos tiempos. No debemos permitir que se siga haciendo un Vallejismo sin Vallejo. Tratemos en lo posible de emular a nuestro sumo poeta en cuanto y tanto a la responsabilidad del escritor en nuestra sociedad.
Mis agradecimientos infinitos al Dr. Max Silva Tuesta y a Jesús Cabel por acompañarme en la mesa de honor, a nuestro presentador el señor Edwin Matos y a la Dra. Karen Calderón Montoya –Directora de la Casa de la Literatura Peruana– por permitirnos celebrar el día de hoy, el 118 aniversario del natalicio de uno de nuestro más ilustre escritor, César Vallejo, al lado de su tenaz esposa, Georgette Vallejo.

Lima, 16 de marzo 2010.